Coyuntura y estrategia. El 15M tres años después

Vamos despacio porque vamos lejos.
Lema zapatista

 

Una versión reducida de este texto ha sido también publicada en el blog de la Fundación de los Comunes en El Diagonal. Puedes consultarlo aquí (19/05/2014).

Se cumplen en estos días que estamos tres años desde que miles de personas se manifestaran por las calles de las principales ciudades españolas un soleado domingo de primavera al grito de ¡Democracia real ya! Los acontecimientos que desde ese 15 de mayo de 2011 se han ido sucediendo en todo el país son a estas alturas sobradamente conocidos [1]. El movimiento-diagnóstico-máquina de guerra nómada que a día de hoy todavía constituye, en sus múltiples formas mutadas, el 15M supuso un desbordamiento de los límites establecidos. Todo empezó a cambiar, a abrirse. El 15M, en este sentido, es a la vez problema y solución. «Necesitábamos una manera diferente de pensar y ahora empezamos a tenerla», como señaló en su momento mi amigo y compañero Eduardo Serrano. Ese desbordamiento no fue sólo político y social [2], sino también cultural, algo ya comentado aquí. Lo verdaderamente destacable, de hecho, son los cambios que surgieron a nivel identitario: emergieron nuevos discursos, los cuales se encuentran enraizados en las inquietudes, necesidades y deseos comunes, y otras maneras de actuar, basadas en la organización en red y tendentes al contagio y a la reproducción múltiple, así como nuevas subjetividades y nuevas formas de producción de sentido, que han empezado a abrir brecha en el monopolio de las representaciones y temáticas por parte de los grupos de poder que controlan los ámbitos político, mediático, económico y cultural. De esta forma, el 15M es la culminación definitiva de la «constitución de una esfera pública post-media», cuyos antecedentes pueden rastrearse no sólo en el «No a la guerra» de 2003, en las protestas espontáneas del 13M de 2004, en las movilizaciones promovidas por V de Vivienda en 2006 o en Anonymous y su lucha contra la llamada comúnmente «Ley Sinde-Wert» a partir de 2009, sino también en el neozapatismo y en el movimiento altermundista.

 Mutaciones, proyecciones, confluencias y alternativas 15Mhttp://autoconsulta.org/mutaciones.php

Antes de continuar, en cualquier caso, me parece oportuno precisar, como señalan los enfoques poscoloniales, el lugar desde donde enuncio [3]. Familia obrera y católica. Padre funcionario y madre profesora, de izquierdas; no votaron la Constitución de 1978, pero leen El País desde hace más de treinta años. Jesús Gil me daba mucho miedo. Licenciado en Historia y arqueólogo. Clase media. Becario FPU en la Universidad de Málaga. Pago cuota de afiliación sindical a la CGT. Devenir precario. Aborrezco el trabajo. Sentir libertario. Activista prematuro. Movimiento autónomo. Contradicciones. Identidad líquida y posicional, cambiante. Todavía joven. Concibo el 15M como fuerza destituyente y poder constituyente. Dicho todo esto, apuntaré que lo que a continuación voy a escribir es fruto de las reflexiones que he ido madurando los últimos meses tras múltiples diálogos, charlas y debates fundamentalmente con mis compañerxs de Málaga, ciudad muy peculiar a nivel político y subjetivo, aunque se añaden también ideas surgidas del encuentro con otrxs activistas y amigxs de Sevilla, Madrid, Zaragoza, Iruña, Barcelona o Tarrassa, muchxs de ellxs integrantes de la Fundación de los Comunes. Debo señalar, de igual manera, que aunque en el terreno ideológico haya defendido a lo largo de toda mi vida como activista los planteamientos libertarios y más puramente anarquistas –sigo haciéndolo–, siempre preferiré trabajar en favor de un proyecto común de autoorganización, apoyo mutuo y democracia directa/autogobierno que integre y sobrepase fronteras, como ha pretendido ser el 15M y sus devenires, que avivar proyectos cerrados, excesivamente identitarios o repletos de dogmas y prejuicios prefijados, algo que, por otra parte, no casa nada bien con el pensamiento ácrata.

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¿Qué es el poscolonialismo? (II)

Todo espectador es un cobarde o un traidor.
Frantz Fanon, Los condenados de la tierra

 

El siguiente post es la continuación de la última entrada publicada en este blog.

Teniendo siempre presente la heterogeneidad de tendencias y posicionamientos teóricos que se da dentro del poscolonialismo, en la entrada anterior intentamos dejar claro que uno de los temas que más interesan a los diferentes autores poscoloniales, tomando como punto de partida el análisis de las prácticas discursivas vinculadas al colonialismo es la representación, ya sea textual o no, del colonizado. Si para Edward W. Said, como ya vimos, el discurso colonial crea una imagen fija e inmutable de los nativos orientales para su sojuzgamiento y dominación por parte de los occidentales, a Fanon lo que más le preocupa es la interiorización por parte de los sujetos coloniales de esa representación hecha por los colonizadores blancos. La india Gayatri C. Spivak, por su parte, se centra e las voces ausentes, en los subalternos invisibilizados que se encuentran en los márgenes discursivos, mientras que Homi K. Bhabha, influenciado por la perspectiva fanoniana y alejado de Said al evidenciar en su obra un intenso binarismo simétrico en la relación entre colonizadores y colonizados, habla de espacios de representación «comunes», en los que podemos evidenciar la existencia de complejos protocolos de ambivalencia, mimetismo e hibridación. En cualquier caso, todos estos autores coinciden en señalar que en los contextos coloniales siempre se da una imposición discursiva sobre el sujeto colonizado que condiciona su identidad y hace del colonialismo un fenómeno que va más allá de los simples objetivos militares, políticos y económicos. Veamos, pues, algunos conceptos claves que nos ayudarán a entender mejor estas difíciles cuestiones que empezamos a tratar en nuestra última publicación.

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¿Qué es el poscolonialismo? (I)

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos.
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
E. Galeano, «Los nadies», El libro de los abrazos

 

Stuart Hall, propulsor de los Estudios Culturales hacia los años 1950-1960 y uno de los pensadores más críticos e influyentes de la Nueva Izquierda británica, murió la pasada semana con ochenta y dos años. Esta entrada es mi pequeño homenaje al sociólogo jamaicano, al que en gran parte debo mi concepción no esencialista de las identidades y también mi enorme interés por el poscolonialismo, ya que entre los textos que me sirvieron para tomar contacto con este ámbito teórico, hoy base de mi tesis doctoral, se encuentra uno escrito por el propio Hall, titulado «When was “the Postcolonial”? Thinking on the Limit» (1996). Sostendrá en dicho artículo que las teorías poscoloniales, cuya aparición no podemos desvincular del giro posmoderno que se produce en torno al último tercio del siglo XX, operan, como diría Derrida, «bajo tachadura» al ofrecer un poderoso conjunto de herrmientas conceptuales deconstruidas para pesar el presente, para «ir más allá» a la hora de analizar las múltiples maneras de representar los encuentros que se dan entre las sociedades colonizadoras y sus «otros» (Hall 2008, 138-139). En este sentido, lo primero que debemos tener presente es que el colonialismo es un elemento constituyente fundamental dentro de la modernidad capitalista occidental contra la que se sublevarán los diferentes pos-/post- de los años sesenta.

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