¿Qué es el poscolonialismo? (II)

Todo espectador es un cobarde o un traidor.
Frantz Fanon, Los condenados de la tierra

 

El siguiente post es la continuación de la última entrada publicada en este blog.

Teniendo siempre presente la heterogeneidad de tendencias y posicionamientos teóricos que se da dentro del poscolonialismo, en la entrada anterior intentamos dejar claro que uno de los temas que más interesan a los diferentes autores poscoloniales, tomando como punto de partida el análisis de las prácticas discursivas vinculadas al colonialismo es la representación, ya sea textual o no, del colonizado. Si para Edward W. Said, como ya vimos, el discurso colonial crea una imagen fija e inmutable de los nativos orientales para su sojuzgamiento y dominación por parte de los occidentales, a Fanon lo que más le preocupa es la interiorización por parte de los sujetos coloniales de esa representación hecha por los colonizadores blancos. La india Gayatri C. Spivak, por su parte, se centra e las voces ausentes, en los subalternos invisibilizados que se encuentran en los márgenes discursivos, mientras que Homi K. Bhabha, influenciado por la perspectiva fanoniana y alejado de Said al evidenciar en su obra un intenso binarismo simétrico en la relación entre colonizadores y colonizados, habla de espacios de representación «comunes», en los que podemos evidenciar la existencia de complejos protocolos de ambivalencia, mimetismo e hibridación. En cualquier caso, todos estos autores coinciden en señalar que en los contextos coloniales siempre se da una imposición discursiva sobre el sujeto colonizado que condiciona su identidad y hace del colonialismo un fenómeno que va más allá de los simples objetivos militares, políticos y económicos. Veamos, pues, algunos conceptos claves que nos ayudarán a entender mejor estas difíciles cuestiones que empezamos a tratar en nuestra última publicación.

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¿Qué es el poscolonialismo? (I)

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos.
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
E. Galeano, «Los nadies», El libro de los abrazos

 

Stuart Hall, propulsor de los Estudios Culturales hacia los años 1950-1960 y uno de los pensadores más críticos e influyentes de la Nueva Izquierda británica, murió la pasada semana con ochenta y dos años. Esta entrada es mi pequeño homenaje al sociólogo jamaicano, al que en gran parte debo mi concepción no esencialista de las identidades y también mi enorme interés por el poscolonialismo, ya que entre los textos que me sirvieron para tomar contacto con este ámbito teórico, hoy base de mi tesis doctoral, se encuentra uno escrito por el propio Hall, titulado «When was “the Postcolonial”? Thinking on the Limit» (1996). Sostendrá en dicho artículo que las teorías poscoloniales, cuya aparición no podemos desvincular del giro posmoderno que se produce en torno al último tercio del siglo XX, operan, como diría Derrida, «bajo tachadura» al ofrecer un poderoso conjunto de herrmientas conceptuales deconstruidas para pesar el presente, para «ir más allá» a la hora de analizar las múltiples maneras de representar los encuentros que se dan entre las sociedades colonizadoras y sus «otros» (Hall 2008, 138-139). En este sentido, lo primero que debemos tener presente es que el colonialismo es un elemento constituyente fundamental dentro de la modernidad capitalista occidental contra la que se sublevarán los diferentes pos-/post- de los años sesenta.

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Sobre anarquismo. Tres cuestiones de actualidad

Nosotros, por el contrario, no pretendemos poseer la verdad absoluta, creemos más bien que la verdad social no es una cantidad fija, buena para todos los tiempos y lugares o determinable por anticipado (…). Y por ello las soluciones que proponemos dejan siempre la puerta abierta a otras distintas y presumiblemente mejores.
Enrico Malatesta,  Umanità Nova,n.º 134

 

Esta entrada, como se indica en el título, versa sobre anarquismo. Concretamente, voy a hablar de algunos temas, tres en concreto, que en los últimos tiempos han despertado en mi cierto interés, tanto por la actualidad que suscitan como por los nuevos caminos teóricos y prácticos que abren. Dichas cuestiones son: los vínculos que empiezan a existir entre anarquismo y posestructuralismo tras 1968, el análisis y reflexión de las cuestiones nacionales desde una óptica anarquista y, finalmente, el papel juegan las concepciones anarquistas en el ámbito académico, especialmente dentro de las ciencias sociales como la Historia o la Antropología. Estos temas son, a la vez, los que protagonizan las reflexiones y debates más candentes dentro del mundo libertario contemporáneo, como bien puede verse en las revistas Anarchist Studies, Anarchist Developments in Cultural Studies o Perspectives on Anarchism Theory, cuya publicación desde el año 1996 viene corriendo a cargo del Institute for Anarchist Studies.

Asamblearismo, horizontalidad, autoorganización, democracia directa, ausencia de liderazgos, grupos de afinidad, solidaridad o espacios de autonomía son principios políticos que, en lo últimos años, con la irrupción del movimiento 15M, están adquiriendo gran repercusión. No se trata, sin embargo, de ideas nuevas: son los principios que con más fuerza ha defendido originariamente el anarquismo. Resulta evidente que, tras la caída del comunismo y la reacción capitalista de finales del siglo XX [1], son muchos los movimientos de inspiración anarquista que han surgido en las últimas décadas, aunque cierto es que pocas veces se hace referencia a esa influencia o se mencionan de forma explícita términos relacionados con la palabra «anarquía». No cabe ninguna duda, por ejemplo, de la enorme «sensibilidad anarquista» que demostró tanto en su estratutura organizativa –descentralizada, no jerárquica, basada en el consenso– como en sus métodos de lucha –desobediencia civil, acción directa, concepción prefigurativa de la práctica política, resistencia creativa– y sus reivindicaciones –reparto equitativo de la riqueza, democracia participativa, eliminación de las restrincciones al libre tránsito de personas, decrecimiento económico– el movimiento global contra el neoliberalismo bajo el lema «Otro mundo es posible» gestado hacia 1999-2001.

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